Nuria Ruiz y su historia no casual con la bicicleta

No es casualidad o la historia de mis bicis y mi vida a partir de una anécdota. Esta líder Women in bike nos relata su relación con la bici y el ciclismo.

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No es casualidad que en mi familia haya habido ciclistas profesionales. Y no es casualidad que no tenga yo recuerdo de haber tenido una bici propia de pequeña. Aunque de una manera u otra yo andaba en alguna bici, ¿de quién? Entre aquel batiburrillo de hermanos y hermanas compartíamos alguna que otra bici en la parte trasera de nuestra casa, al menos ese recuerdo tengo yo. Mientras los unos daban vueltas endemoniados de un extremo al otro y vuelta, los otros esperábamos nuestro turno. Vamos, que no tuve una bici propia hasta los 15 años. Por esa época uno de mis hermanos de los siete que somos corría en el Orbea. Eran los inicios del equipo, y el equipo tuvo a bien regalar a cada corredor una bici, en este caso una bici de paseo. Estamos hablando de los años 80, por lo que Orbea aún trabajaba con bicis de paseo. No es casualidad que aquella bici cayera en mis manos. Claro, ¿qué iba a hacer alguien que ya estaba en el pelotón internacional con aquello? Por lo que yo acogí la bici Orbea de buen grado. Era una Orbea Luarca, mi Orbea Luarca. De color azul. En aquel tiempo en que Orbea hacía bicis de paseo les ponían nombres de localidades; en este caso Luarca, un pueblo asturiano. A mí, aquel detalle me fascinaba, ¡me parecía tan innovador! ¡Hay que ver cómo Orbea ha venido innovando desde entonces!

Con esa misma edad me trasladé a Catalunya, a un pueblo a 15 km. de Barcelona. Mi padre tenía que trasladarse por motivos de trabajo durante unos años allí y junto con mis padres fuimos mi hermano pequeño y yo. Fue un cambio radical, a la larga muy positivo, y cómo no, me lleve mi Orbea Luarca conmigo; iba a todas partes con ella. La zona era muy agradecida, ya que era todo llano. Aunque a Barcelona me trasladaba en tren, por el pueblo siempre iba con mi bici. Creo que en cierta manera yo ya estaba innovando, ya que no se veían muchas bicis por allí y mucho menos chicas montadas en ellas. Tras aquellos años llegó mi época en Gales. Finalizado el periodo en Barcelona, mi Orbea Luarca se perdió. Lo cierto es que no tengo recuerdo de lo que pasó con ella; seguramente se quedaría en el trastero de una última mudanza.

Me fui a estudiar audiovisuales a Cardiff (Gales) y allí, de nuevo, me hice con una bici para desplazarme por la ciudad. Me compré una bici de carretera de segunda mano. Me gustaba la velocidad. Y allá que iba de arriba abajo por toda la ciudad en mi bici, ¡por el carril izquierdo claro! Terminé mis estudios y seguí por allí unos cuantos años más trabajando y aunque ya tenía coche y la bici de carretera no la utilizaba mucho, yo quería más: me gustaba la naturaleza, los paseos por el monte, el campo, los parques, así que me compré una bici de monte. Aquello sí que me gustaba, ¡me pirraba! Y eso que no era fácil para mí encontrar senderos y mucho menos gente con la misma afición que yo. Así que, me iba yo sola por ahí con mi bici de monte, no hay nada mejor que salir con tu bici de monte en un país extranjero, ¡a mí me parecía lo más! Aquella fase llegó a su fin también y me volví a Donosti. Con mis dos bicis, que prácticamente se quedaron en el trastero. En una ciudad con tantas cuestas y sin tener con quien salir no me sentía motivada. Además, inicié una carrera profesional muy absorbente que no me dejaba tiempo para mucho, algo de deporte en el gimnasio, pero poco más. Seguida vino la maternidad, luego trabajo y más trabajo, responsabilidades y estrés; mucho estrés y mucho tiempo sin tocar una bici. Era cuando aprovechaba para hacer deporte solo cuando salíamos de vacaciones. Con los hijos pequeños solíamos juntarnos un grupo de amigos con los niños e íbamos a aquellos lugares que se va cuando tienes niños pequeños: las Landas, Port Aventura, Salou, etcétera. Cada vez que íbamos, siempre había un día dedicado a alquilar unas bicis e íbamos todos, grandes y pequeños, a dar una vuelta en bici. Fue en una de esas excursiones de Salou a Cambrils y vuelta, que a mí me hizo algo clic.

Me encontré a mí misma diciendo a unos amigos que a mí lo que más me gustaba era andar en bicicleta. El hecho de pronunciar esta frase, verbalizarla, “a mí lo que más me gusta es andar en bici”, hizo que resonará en mi cabeza y me diera qué pensar. ¿Cómo podía ser que andar en bici fuera lo que más me gustara y lo hiciera tan contadas veces como unas dos o tres veces al año? Eso no podía ser, ¡tenía que cambiar! Pero aún tardó bastante en cambiar. Por aquel entonces yo ya buscaba un cambio de estilo en mi vida y aquel cambio llegó. Ajusté algunas cosas de forma que pudiera tener más tiempo y el hecho de que los hijos crecen y necesitan menos atención también ayuda, las cosas como son. Es un tópico decir que nunca es tarde, pero es así, me apunté a un club de triatlón (Triku CD) con mis 50 tacos y bastantes kilos de más, y ahí es donde retomé la bici de nuevo: la bici, el correr y el nadar, que son tres disciplinas que me gustan. He de decir que me gusta probar cosas, todo tipo de deportes, y en general me he manejado bien con aquello que he hecho; dicho esto, hice varios triatlones y la experiencia me gustó. No es casualidad que, 3 años después, me apuntara a un club de ciclismo (Bizikume), y al año de estar en Bizikume me hiciera líder del Women in Bike, por lo que puedo decir que en estos momentos lo que más práctico es la bici, sobre todo monte y a veces carretera. Entre triatlones, travesías a nado, carreras de running y marchas cicloturistas, probé con el canicross. Tengo un perro adorable  y con mucha energía, así que la temporada pasada logramos varios podios y hacer segundos en nuestra categoría en la liga Euskadi. Pero ciñámonos a la bicicleta, que es lo que nos atañe. Esta temporada íbamos a debutar en bikejoring, que es la combinación de bicicleta de monte con perro, pero dada la situación no ha sido posible, así que habrá que esperar para desarrollar mis dos pasiones mientras seguimos pedaleando todo lo que se puede. Opino que en estos momentos es lo mejor que se puede hacer, es la actividad más saludable para cuerpo y mente que puede haber.

A veces echo la vista atrás y es verdad que el haber vivido fuera muchos años hizo que me perdiera algunas cosas; eventos, carreras, vueltas… Ahora que tengo otra perspectiva, la perspectiva que se ve subida a una bicicleta, pongo mucho más en valor experiencias que tuve la oportunidad de vivir, como seguir un Tour desde Pirineos hasta los Campos Eliseos en el coche del equipo ClasCajastur con Juan Fernández al mando y Tony Rominger como uno de los integrantes del equipo y que quedó segundo aquel año. Entrar en los Campos Elíseos o atravesar los Pirineos desde ese punto de vista, con gente y más gente a cada lado y los ciclistas enfrente tuyo, es brutal.

Como cineasta tuve la oportunidad de grabar un documental sobre el equipo Euskadi en su primer año de creación. Era un equipo muy particular por su filosofía en sus inicios y siempre he pensado que el ciclismo al igual que las traineras son deportes visualmente muy atractivos, por lo cual, también tuve la oportunidad de seguir una Vuelta al País Vasco desde uno de los coches del equipo y compartir todas las vivencias con los integrantes del conjunto ciclista. Era la cosa más rara del mundo mundial que hubiera una mujer, en ambos casos, tanto en el Tour como en la Vuelta al País Vasco; supongo que ahí también aporté mi granito de innovación. Ahora ya se ven más mujeres en los equipos, masajistas, etc., pero antes eran cero, casi prohibidas. Tengo también un grato recuerdo de aquellas sentadas delante del sofá, las idas y venidas para ir a ver aquella etapa, aquella carrera, o aquella clásica. Ahora no veo mucho ciclismo, pero verme a mí como la protagonista, me refiero a que sea yo la que participa aunque sea para hacer una ruta de domingo, ¡me parece una maravilla!

Hace dos veranos, tuve la oportunidad de acompañar a mi amiga Carolina Sagarmendi en la Clásica San Sebastián-San Sebastián, donde hacían un homenaje a ella y a otras amigas exciclistas por ser las pioneras en el ciclismo vasco y nacional; fue una experiencia preciosa y lo mejor fue que resultó el primer año en que se organizaba una clásica San Sebastián-San Sebastián para mujeres ciclistas. Vamos, que poco a poco se van dando pasos. En mi caso, a un nivel de usuaria, de lo que sí estoy convencida es que ya no me siento tan diferente, tan bicho raro, tan quizás incluso cuestionada por ir en bici.  En fin, y aludiendo al título de este relato, solo me queda decir que el verano pasado en una quedada en bici con una tal Erkuden Almagro (¿os suena?) y otras compis apareció con su bici de carretera y, sorpresa, una Orbea Luarca, su Orbea Luarca que utiliza para trayectos urbanos. Nuestra Erkuden, quien ha contribuido a que un montón de mujeres se animen, se estrenen, se inicien, se reinicien, incluida yo, a montar en bici, tiene una Orbea Luarca azul como aquella que tuve yo en mi adolescencia. ¿No es casualidad?

 

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